El futuro del trabajo (future of work- #fow)

Por Manuel Gutiérrez de Diego En Entornos Digitales abril 3, 2018

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¿Cómo se trabaja en la era de Internet? Es una pregunta que hoy tiene todo el sentido, porque 2.018 va a ser el año en el que más se hable de Inteligencia Artificial desde que Tim Berners-Lee comenzara a escribir WorldWideWeb, el primer navegador de Internet. Las cosas han cambiado mucho desde entonces, y el uso de la expresión “www” ha transformado la manera en la que vivimos miles de millones de personas en este planeta. Y parece que la era de la IA, los algoritmos, la robótica y las máquinas está aquí ya y ha llegado para quedarse y revolucionar nuestras vidas.

Todo va muy deprisa, los cambios son exponenciales. Un vistazo a las estadísticas de https://www.internetworldstats.com/ nos ayuda a entender que la red se ha extendido a gran velocidad. Es cierto que la penetración de internet es diferente en función de la zona geográfica analizada, pero la revolución de la red, la información y los datos ya ha llegado a 4.156.932.140 de personas en el mundo (datos a 31 de diciembre de 2.017), lo que significa que más de la mitad de la población de la Tierra está conectada a internet (el 54,4% de los más de 7.600 millones de habitantes del planeta). En Europa el porcentaje es el 85,2%, justo detrás del continente con mayor penetración: Norte América (con el 95% de las personas conectadas). El último lugar lo ocupa África, donde sólo el 35,2% de sus habitantes tiene acceso a la red. En España el nivel es muy alto (87,2%), aunque aún tenemos terreno que recorrer para llegar a los datos de Noruega (99,6%) o Islandia (donde el 100% de su población está en Internet).

¿Qué ha significado Internet para la forma de trabajar? Y aún más importante: ¿qué va a significar un mundo casi totalmente conectado, donde la IA, el IoT, el machine learning y el deep learning transformen de manera disruptiva cómo trabajamos, cómo nos comunicamos y cómo vivimos?

“El futuro del trabajo” ha sido uno de los temas más tratados en el 2.017. En noviembre del año pasado, McKinsey publicaba un informe con un título que reflejaba ese interés: “What the future of work will mean for jobs, skills, and wages” El objetivo: entender el impacto del futuro del trabajo en el empleo, las habilidades profesionales y los salarios.

Cuando hablamos de futuro del trabajo, todos pensamos en un aspecto clave: la tecnología va a cambiar muchos procesos de trabajo, muchas tareas serán automatizadas y los empleos que desarrollaremos los humanos dentro de una década no se parecerán a los que hora realizamos, porque las máquinas podrán hacer tareas rutinarias o peligrosas más rápido y mejor que cualquier ser humano. Las estimaciones nos dicen que 6 de cada 10 trabajos actuales tienen un 30% de tareas susceptibles de ser automatizadas, y que casi el 50% de las tareas totales actuales podrían ser desarrolladas por máquinas. En términos de tiempo, en 2.030 alrededor del 30% de las horas dedicadas al trabajo hoy en el mundo podrían estar automatizadas y ser desarrolladas por máquinas.

Eso sí, como ocurría en el caso de las cifras globales de penetración de Internet, estos datos varían notablemente en función del tipo de actividad económica (industria, sectores) que deseemos analizar. Por ejemplo, el impacto será mayor en tareas que impliquen trabajo físico en entornos predictivos (como procesos industriales o cadenas de comida rápida), o en gestión y procesamiento de datos. En cambio, tareas relacionadas con la gestión de personas, que impliquen el uso de la experiencia y un elevado nivel de interacciones sociales, se verán menos afectadas (porque en esas tareas las máquinas todavía no son tan eficientes, tiempo al tiempo). Así pues, no todos los sectores percibirán el impacto del mismo modo. El impacto no tiene por qué ser negativo: muchas tareas se automatizarán, pero surgirán nuevas oportunidades vinculadas a nuevas destrezas. Los escenarios que se dibujan ante nosotros en esta sociedad líquida en la que las certezas sólidas del pasado se desvanecen los vamos a diseñar nosotros con nuestras decisiones, con nuestras elecciones como sociedad.

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¿Qué nos espera?

Volviendo a las cifras de Internet, el crecimiento es imparable: cada vez más seres humanos tendrán acceso a la red y a todos los activos que eso representa (comercio, financiación, conexión, comunidades, información, datos…) El resultado más probable de todo ello es que el nivel de riqueza siga creciendo, aunque también el desequilibrio en el reparto.

Avanzamos también hacia una sociedad más envejecida en los países más avanzados. En 2.030 más de 85 millones de trabajos en el mundo estarán relacionados con cuidados a personas mayores y con la salud de ese grupo de la población.

El desarrollo de la tecnología llegará a cotas que seguramente no imaginamos, aunque muchas series y películas se han adentrado con acierto en el futuro, con predicciones a veces realmente atinadas (la ciencia ficción interesa mucho hoy: entender cómo va a ser el futuro es más atractivo que nunca). Ese desarrollo tecnológico también será positivo para el trabajo: nuevas profesiones, nuevos desarrollos, nuevas máquinas, nuevo software… el mundo de los datos está de moda y seguirá creciendo en los próximos años.

Otras industrias aparentemente más tradicionales también ofrecerán oportunidades interesantes. Es el caso de la construcción y las energías. En ambos casos, los patrones de crecimiento no tendrán nada que ver con el pasado. En el caso de la construcción, el contexto de las smart cities, la innovación en ingeniería civil y el amplio terreno de la arquitectura serán los elementos que tiren del empleo, con el foco en la sostenibilidad como punto clave. Lo mismo sucede en el caso de la energía: las energías limpias y verdes serán el motor del desarrollo de ese sector.

Justo en relación con ese punto, la movilidad traerá nuevas oportunidades en una industria que se está reinventando. La promesa del vehículo autónomo y eléctrico va a transformar para siempre la forma en la que nos movemos y en la que se mueven los productos por nuestras carreteras. Las infraestructuras deben adaptarse a esos cambios y en pocos años los puntos de recarga de vehículos serán la seña de identidad de nuestras ciudades más modernas. En ese contexto, surgirán nuevas oportunidades de empleo relacionadas con la ingeniería y con la tecnología vinculada la nueva movilidad.

Por último, aunque la tecnología incidirá también en la automatización del sector servicios, sin duda es aquí donde nuevas profesiones relacionadas con nuevas habilidades (íntimamente vinculadas a las nuevas necesidades de la población y las organizaciones) tendrán un mayor desarrollo. Así, veremos un crecimiento notable en nuevas profesiones relacionadas con la salud, la ciencia, la tecnología, la educación, la cultura o el arte. Las habilidades relacionadas con la creatividad, la interacción entre humanos o las nuevas formas de comunicación y expresión son campos donde los seres humanos tenemos mucho que seguir aportando.

El panorama, por lo tanto, es positivo. Por encima de todo, tenemos la posibilidad (quizás de hecho la obligación) de trabajar hoy en la definición de esos escenarios. Definir cómo será el futuro del trabajo es cosa nuestra. Eso significa que debemos reflexionar, analizar, planificar… y después poner en marcha planes de acción que nos conduzcan hacia donde deseamos. Sin miedos. Porque el futuro nos pertenece. A todos.

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