El nacimiento de una comunidad

Por Manuel Gutiérrez de Diego En Entornos Digitales agosto 19, 2013

comunidad

Hoy usamos el concepto comunidad olvidando la esencia de esa palabra en demasiadas ocasiones.

Este fin de semana he participado en una comida familiar con más de 60 personas. Hace meses, la persona que se encargó de esta reunión decidió que le gustaría juntarse con personas que compartieran su apellido (un apellido singular, poco habitual y que se circunscribe a una demarcación geográfica muy concreta).

Dicho y hecho. Ayudado por otros familiares cercanos, empezó a bucear en archivos y registros, y encontró que muchas de las personas que tenían ese apellido hacía décadas que habían optado por buscar oportunidades fuera de nuestro país, emigrando a tierras lejanas. Su edad (lejos de la de los denominados millennials) no le impidió pensar que facebook podría ser un buen lugar para iniciar también la búsqueda de personas con las que quizás poseía algún tipo de vínculo.

Y así fue. La capacidad de crear relaciones de facebook es impresionante. Una búsqueda simple le permitió detectar a un grupo nutrido de personas que compartían su apellido. Algunos contactos directos y la creación de un grupo que buscaba poner en contacto a personas con ese apellido hicieron el resto. En esa reunión familiar estuvieron presentes familias de Uruguay y de Alemania. Y son muchas otras personas las que han conseguido crear nuevas conexiones a partir de esta emocionante iniciativa.

Estos días he estado reflexionando sobre esta pequeña historia de reencuentros. Y he recordado que las primeras comunidades online surgieron al calor de aficiones como las maquetas o la papiroflexia. Eran grupos de personas que compartían una pasión, una afición, el interés por compartir cosas alrededor de algo que les importaba.

Hoy usamos el concepto “comunidad” olvidando la esencia de esa palabra en demasiadas ocasiones. Pensamos que una marca puede crear una comunidad a golpe de fans, construyendo un espacio que se puede llenar. En realidad se trata exactamente de lo contrario: las comunidades están ahí, muchas veces ni siquiera son conscientes de que existen, pero hay una serie de rasgos esenciales que unen a sus miembros. La clave está en entender esos rasgos, en despertar los vínculos.  Y sin duda, en tener la voluntad de hacer aflorar esas relaciones. Sospecho que hay muchas comunidades silentes ahí fuera. Quizás merezca la pena tener el valor de dar un paso al frente y desear que los lazos cobren vida.

Manuel Gutiérrez de Diego

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