Cómo implementar gamificación en la empresa

Por Óscar Mermejo En Entornos Digitales mayo 21, 2018

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La gamificación (o ludificación) podría definirse como la aplicación de mecánicas de juego en procesos que no resultan lúdicos en su desarrollo normal, como el trabajo o los estudios, con la intención de mejorar la implicación y los resultados en el desempeño de las labores asociadas a ellos.

Básicamente se trata de facilitar la realización de tareas importantes, pero a menudo aburridas, a través de la diversión que aporta un juego.

La vida es juego

Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha utilizado el juego como entretenimiento y método de aprendizaje. El juego siempre toma como base la realidad, ya sea a través del azar o de la lógica, de manera que nos permite enfrentarnos a ella sin correr más riesgos que el de ganar o perder la partida. Esto nos sirve como entrenamiento técnico y emocional para poder afrontar los problemas en circunstancias reales, basándonos en nuestras experiencias lúdicas.

Este es el motivo por el que el juego es fundamental en la infancia. Nos hace aprender disfrutando, lo cual supone muy poco o ningún esfuerzo y mejora nuestra capacidad de retener conceptos e interiorizarlos de manera casi inconsciente.

¿Por qué dejar de jugar cuando crecemos? La pregunta en sí no tiene mucho sentido. Lamentablemente, en la mayoría de las culturas, asociamos a un adulto que juega con alguien inmaduro, a pesar de que todos, independientemente de la edad, somos capaces de disfrutar jugando.

La gamificación va un paso más allá y trata de aprovechar todo lo bueno que nos ofrece el juego, tanto a nivel educativo como de satisfacción emocional para mejorar los procesos productivos en entornos laborales.

 

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No sé qué tienen tus gamificaciones que me vuelven loco

Para que una gamificación resulte efectiva hay que tener en cuenta una cuestión muy sencilla: a todo el mundo no le gustan el mismo tipo de juegos.

Partimos de la premisa de que hay algunos elementos de la gamificación que resultan de interés común, como la emoción del triunfo, el sentimiento de pertenencia a un grupo, o la obtención de un premio o recompensa. Pero, en general, un juego engancha cuando conecta con alguno de los motivadores personales de cada participante.

Todos compartimos los mismos motivadores, pero no a todos les damos la misma importancia, casi con toda seguridad, el motivador principal de un jugador de ajedrez será bastante diferente del de un jugador de bingo, aunque ambos disfruten por igual de sus aficiones.

Para que una gamificación tenga éxito y genere la implicación necesaria en sus participantes, debemos intentar alcanzar el máximo espectro de motivadores para que conecte con los intereses del mayor número de participantes posible. Esto hará que los involucrados mantengan el interés, incluso al margen de las recompensas que puedan obtener, porque participar ya es un premio de por sí.

Estos son algunos de los motivadores principales en una gamificación:

  • Suspense: genera un sentimiento de curiosidad e interés, exploración, intriga, incertidumbre. Creamos una expectativa y necesitamos saber si se cumple. Es lo que nos hace terminar de ver una película o jugar a la lotería.
  • Posesión: el sentimiento de propiedad se genera al invertir esfuerzo en la realización de una tarea, llegamos a percibir que el fruto de nuestro trabajo nos pertenece y no queremos perder lo que tenemos. Cuanto mayor es la inversión realizada, mayor es la sensación de propiedad y más crece el miedo a la pérdida y el valor de lo conseguido.
  • Progreso: genera un sentimiento de mejora, evolución y desarrollo personal. Fijamos metas y objetivos y cumplirlos nos produce una gran satisfacción, ya que nos demuestra que somos capaces de superar el desafío. Suele premiarse apareciendo en rankings o mediante mejoras de estatus.
  • Creatividad: a todo el mundo le produce satisfacción crear o inventar algo nuevo y ser admirado por ello. Eso hace que se genere un sentimiento de valor de nuestro esfuerzo y la aprobación de otros nos resulta una recompensa motivadora para continuar con nuestro trabajo. Este tipo de mecanismo se emplea en casi todas las redes sociales, en las que se premia con likes la creación de contenidos.
  • Afecto: provoca sentimientos de cooperación y solidaridad. Compartir lo que tenemos nos hace sentirnos más útiles. El ser humano es sociable por naturaleza y la sensación de ayudar a los demás y que nuestro trabajo genere valor humano es un importante aliciente para desempeñarlo. Si reforzamos esta sensación con la de pertenecer a un grupo exclusivo que resulta trascendente para la sociedad, obtenemos un cóctel muy motivador.

Para que una gamificación funcione adecuadamente es necesaria una combinación equilibrada de estos elementos. Conocer y tener en cuenta el carácter y comportamiento de los participantes, nos facilitará mucho el diseño de los mecanismos que utilizaremos en la gamificación.

También podemos distinguir dos tipos de gamificación por la relación entre sus participantes: colaborativa y competitiva.

En una gamificación colaborativa, el conjunto de participantes comparte un mismo objetivo y tratarán de lograrlo en grupo. Es un sistema muy potente, ya que el compromiso con el colectivo actúa como motor y fomenta la responsabilidad. Al mismo tiempo se genera una identificación con el colectivo que permite compartir los triunfos de cada individuo como logros generales y dispersa la sensación de fracaso personal que podría desmotivarnos, repartiendo la responsabilidad entre los miembros del equipo.

En general, una gamificación cooperativa, requiere un esfuerzo de monitorización inicial importante, que podrá ir reduciéndose con el tiempo, ya que el propio sistema termina estabilizándose por sí mismo, lo que permite mantener en funcionamiento este tipo de gamificación durante períodos de tiempo muy prolongados con poco esfuerzo y buenos resultados generales.

En una relación competitiva, en cambio, se establecen objetivos individuales y tratan de alcanzarse antes que el resto de los participantes. Es un sistema muy efectivo si la mayoría de los participantes tiene como motivador la necesidad de destacar sobre el resto. Pero presenta algunos inconvenientes destacables:

  • Puede producirse una desmotivación rápida de los implicados que no consigan sus objetivos o no resulten premiados.
  • También es posible que surjan fricciones entre los participantes por un exceso de rivalidad entre ellos.

Si queremos que este tipo de sistema de gamificación funcione correctamente, debemos mantener una supervisión minuciosa, constante y muy personalizada, y diseñarlo de manera que las oportunidades de optar a las recompensas se renueven de manera periódica y permitan opciones a todos los participantes. Es un sistema más agresivo que el colaborativo y requiere de un mayor esfuerzo de supervisión. La gran ventaja de este tipo de gamificación es que produce resultados muy destacables en períodos cortos de tiempo.

 

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Gamifícame otra vez

Utilizando una buena metodología, podremos obtener resultados asombrosos empleando la gamificación como apoyo motivacional. Un ejemplo de las fases de un proyecto gamificado sería:

  • Análisis previo y definición de objetivos.
  • Diseño alineado con los intereses motivacionales de los participantes.
  • Reglas sencillas y claras que conformen el marco de actuación.
  • Definición de tareas y plazos de cumplimiento.
  • Monitorización de la actividad y análisis de resultados.

Si se definen bien estos procesos, no importa a qué apliquemos las técnicas de gamificación: educación, animación de departamentos, gestión de recursos humanos… seguro que será un éxito.

En Socialnautas tenemos una amplia experiencia en gestión de comunidades e introducción de procesos que incluyen gamificación. No dudes en contactar con nosotros.

 

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