La discontinuidad tecnológica y el Candy Crush

Por Socialnautas En Entornos Digitales mayo 29, 2015

discontinuidad tecnológica y Candy Crush

Discontinuidad tecnológica en el entorno digital

Cerramos aquí, al menos por el momento, este serial dedicado a la discontinuidad tecnológica, al que dedicamos semanas atrás un artículo introductorio con un ejemplo aplicable a Belén Esteban, y al que nos referimos en el anterior post del blog mostrando como ejemplo su relación con el líder de Podemos, Pablo Iglesias.

Y llegamos al tercero de los referentes de esta serie, que no por ocupar el último lugar es menos ilustrativo que los anteriores de las sutiles diferencias entre los dos mundos a ambos lados de la discontinuidad: el ‘Candy Crush’. Imagino que si has leído hasta aquí no te será desconocido el juego desarrollado por la compañía King Digital Entertainment al que cada día  juegan 54 millones de usuarios que gastan 470.000 euros. Los videojuegos no son patrimonio de uno u otro lado de la discontinuidad, pero… ¿Qué hace de Candy Crush el fenómeno social que ya es? Y, sobre todo, ¿por qué –como veremos a continuación- ha triunfado en el ecosistema especial de uno de los lados en particular?

Muy sencillo (es un decir). Candy Crush explota, en primer lugar, algunos resortes y debilidades de nuestra mente que llevan mucho tiempo usándose en el mundo de los juegos de azar: es muy sencillo en su inicio y progresa rápidamente, lo que nos permite ganar confianza y segregar dopamina, que contribuye a generar el vínculo de adicción. Tiene una fuerte componente de azar que lo hace impredecible, pero nos permite vencer con la frecuencia suficiente como para que nos sintamos más atraídos en virtud del mecanismo conocido como “refuerzo de razón variable” (base de las máquinas tragaperras). Introduce una ilusión de control con elementos como los “boosters”, que hace creer a los jugadores que están afectando al resultado de la partida. Y combate el efecto denominado “adaptación hedónica” –por el que se reduce gradualmente el placer experimentado ante un estímulo mantenido- forzándonos a una pausa prolongada cada vez que perdemos nuestras vidas.

La suma de estos factores ya daría como resultado un juego potencialmente bueno en el mundo digital, pero King dio todavía otras dos vueltas de tuerca que lo han convertido en el fenómeno que hoy es. La primera fue hacer de Candy Crush un juego social y gratuito. El modelo de juego en el que no es obligatorio pagar permite llegar a un número de usuarios mucho mayor, lo que expande el alcance de las acciones de marketing. Su carácter social, por el que tus amigos en las redes sociales te ayudan, te desbloquean y te envían vidas y regalos contribuye sobremanera a su viralización. ¿Vais viendo en qué lado de la discontinuidad habitan los usuarios objetivo de Candy Crush? (Por cierto, más del 70% de sus jugadores son mujeres, de entre 26 y 35 años, con estudios universitarios y solteras).

Pues la segunda vuelta de tuerca fue la que acabó de proyectarlo al éxito: su adaptación a todo tipo de plataformas y su lanzamiento como App para iOS y Android. El pasatiempo perfecto para que los usuarios más activos de internet maten el tiempo en el metro, en el autobús o en cualquier pequeño momento de espera. Un buen proceso de diseño, basado en aprovechar para un videojuego motivaciones primarias de nuestro cerebro, al que se le añaden 2 características básicas de los usuarios del lado tecnológicamente más activo de la discontinuidad y presentado en un formato que les facilita la distracción en todo momento y lugar en que decidan asomarse a la pantalla de su Smartphone. No hay que extrañarse de que la inefable Celia Villalobos no pudiera resistirse a la tentación de seguir jugando durante las sesiones del Congreso (a lo mejor es por el Candy Crush por lo que todos los parlamentarios reciben un iPad. Más interesante sería constatar a qué lado de la discontinuidad vive cada uno de ellos).

Así pues, la discontinuidad tecnológica está ahí. Sus intersticios se ramifican entre nosotros dividiéndonos en dos grupos en apariencia tan similares pero con hábitos cada día más dispares. Unos piensan que el tiempo la diluirá, arrojándonos a todos al mismo lado. Pero si la tecnología sigue avanzando a la misma velocidad, quizá aparezcan nuevas discontinuidades que vayan laminando cada estrato en estratos más pequeños y más desconectados de los que les rodean. ¿Sabes en qué lado estás tú?

Daniel Bel Cacho

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