La era del acceso

Por Editor En Proyectos Socialnautas julio 6, 2012

acceso

La propiedad material de cosas empieza a ser menos relevante y cobra importancia el acceso a los servicios a los que podemos acceder en la red, en tiempo real.

En el año 2000, Jeremy Rifkin (economista y experto en consultoría política) escribía un libro titulado The Age of Access, en el que nos proporcionaba un interesante análisis sobre los cambios en los modelos de negocio que se estaban gestando en los últimos años del siglo XX, un siglo que podríamos definir por un hipercapitalismo en el que lo más importante era lo que las personas poseían.

En efecto, el siglo XX ha sido el siglo de las marcas, la publicidad y la comunicación de masas. Muchos individuos encontraban su propia definición a partir de sus posesiones, de lo que tenían, de lo que querían comprar. Lo importante era acumular y el leitmotiv de muchas generaciones se reflejaba en una frase corta que constituye una verdadera metáfora de ese tiempo: “Lo quiero”.

El libro de Rifkin nos presentaba un inicio del siglo XXI en el que las cosas empiezan a cambiar: lo importante ya no es tener cosas, si no las cosas a las que puedes acceder: la era del acceso. La propiedad material de cosas empieza a ser menos relevante y cobra importancia el acceso a los servicios a los que podemos acceder en la red, en tiempo real, a cualquier hora, desde cualquier parte del mundo. Rifkin avanza en ese análisis y nos muestra nuevos mercados y modelos de negocio donde lo que se mercantiliza no son los bienes, si no el tiempo y las experiencias, que ahora se convierten en las posesiones más preciadas.

Pero, ¿qué significa realmente tener acceso a esos servicios, a la información, al conocimiento que podemos encontrar en la red? ¿Qué implicaciones posee para las estructuras tradicionales de los mercados? Ya hemos hablado de esto en otras ocasiones en nuestro blog: gracias a los medios sociales, las personas tenemos acceso a más información y las interacciones en los medios sociales están transformando la manera en la que se toman decisiones vitales porque ahora nuestros interrogantes encuentran respuestas antes inimaginables (¿qué compro?, ¿dónde me voy de vacaciones?, ¿qué colegio es el mejor para mis hijos?, ¿en qué proyectos ha participado un candidato a un puesto de trabajo?, ¿qué hizo en el pasado un político que se presenta a la presidencia de un gobierno?).

Más de 2.000 millones de personas en el mundo tenemos acceso a una red gigantesca de información que nos permite tomar decisiones. ¿Son mejores decisiones que las que tomaríamos si no tuviéramos acceso a todos esos datos? Seguramente  así es. Conocemos más variables que nos ayudan a entender mejor el contexto en el que operamos y, en teoría, hay mayores probabilidades de acertar en nuestras decisiones.

La variable “acceso a la información” se convierte entonces en un elemento crítico, aunque mi percepción es que una de las claves futuras alrededor de este aspecto tiene que ver con el tamaño. Menos de la tercera parte de la población mundial posee acceso a la red. De hecho, se espera que el aumento de las personas que pueden acceder a internet en nuestro planeta siga creciendo gracias a los nuevos accesos que se producirán en economías emergentes, mientras aquellos que ya tenemos acceso a la red descubriremos nuevas y sofisticadas formas de acceso móvil que nos mantendrán conectados en tiempo real a un entramado de datos cada vez mayor.

Me asaltan varias preguntas:

  • ¿Nuestra infraestructura tecnológica está preparada para que tanto la información (la cantidad de datos) como el número de accesos siga incrementándose?
  • Un mayor acceso implica que se socaven las jerarquías de poder (económico y político). ¿Están las élites de nuestra sociedad dispuestas a seguir cediendo terreno o se acrecentarán los discursos en torno a la regulación, la seguridad y la privacidad?
  • Más información no significa más conocimiento ni mejor información. ¿Seguirán siendo las universidades y los medios de comunicación los guardianes del saber y la opinión informada o se impondrá una sabiduría colectiva en nuevos modelos de negocio que dinamiten las viejas instituciones?

Mi percepción es que las tecnologías relacionadas con lo que se ha denominado el internet de las cosas acelerarán el aumento del acceso de las personas a la red, a partir de conexiones entre personas y entre objetos. Necesitamos tecnologías más sencillas, más eficientes y más accesibles (baratas). Y necesitamos nuevas formas de modelar la información, es decir nuevos modelos de procesamiento donde la inteligencia colectiva (redes de ideas interconectadas) nos ayude a poner el foco en la información relevante desde el punto de vista del contexto (quién soy, dónde estoy, qué hago).

Como veis, de momento más preguntas que respuestas, aunque soy optimista y creo en el potencial de los medios sociales y de las redes de personas que comparten ideas persiguiendo objetivos. Pero hace falta método, necesitamos nuevas ecuaciones dinámicas que nos ayuden a multiplicar ese potencial. De momento, noticias como la del descubrimiento del bosón de Higgs nos indican que tenemos la capacidad de seguir avanzando. Comparto aquí mis ideas porque creo que del debate y el análisis colectivo surgirán nuevas ideas. Os invito a dejar las vuestras y a seguir descubriendo juntos conocimientos y casos prácticos reales. En esas experiencias (hoy semillas apenas abiertas) residen algunos de los nuevos modelos (de sociedad, de mercado, de sabiduría) que contemplaremos en los próximos años. ¿No es apasionante?

Manuel Gutiérrez de Diego

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