Cambio tecnológico y retos para el empleo y la formación

Por Manuel Gutiérrez de Diego En Transformación Digital diciembre 4, 2018

empleo

El pasado 28 de noviembre tuve la oportunidad de participar en el acto de celebración de los 25 años de existencia de la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo (Fundae). El evento ponía el broche al Seminario Internacional “La Formación para el Empleo: factor clave en el futuro de trabajo – 25 Años de formación para el empleo en España”, que se inició dos días antes y en el que un nutrido grupo de expertos se unieron para reflexionar sobre el futuro del empleo y la formación (en una iniciativa conjunta de Fundae con OIT/Cintefor). El objetivo principal de este encuentro era “comprender los desafíos que comporta la transformación del trabajo y aportar respuestas eficaces desde la formación”. Todo un reto.

Mi participación se enmarcó en el panel “El conocimiento, el aprendizaje y la formación en la era de la digitalización”, moderado por Jaime López Cossío (Socio Director de Laudantis) y donde tuve el placer de compartir charla con Ibon Zugasti Gorostidi (CEO de Prospektiker). A continuación, comparto algunas ideas y reflexiones adicionales a las que pude compartir con un auditorio que, tras la mesa redonda, me demostró en el momento del networking que hay un gran interés por comprender el impacto del avance tecnológico en el empleo y cómo la formación puede ser una palanca clave en ese proceso.

Mi intervención tenía dos objetivos claros: el primero, poner un punto de vista optimista en el futuro y trasladar el mensaje de que la tecnología nos está dando (y no seguirá aportando) más de lo que puede quitarnos en el campo del empleo; el segundo: trasladar al auditorio nuestra experiencia desde Socialnautas en proyectos de transformación digital en muchas empresas (y cómo en esos proyectos de cambio la formación de las personas implicadas siempre ha sido un elemento calve que ha resultado muy positivo).

Empezaré desde la primera idea. Hay gente que tiene miedo de la tecnología. Y es comprensible: solemos temer aquello que no conocemos y que no comprendemos bien. El ser humano tiende a desconfiar de aquello que no controla, y la tecnología hoy es un concepto tan amplio y cambiante que resulta fácil perderse en terminologías, ideas y enfoques.  esa situación, que nos abruma, se une un relato que asusta: la automatización derivada de la expansión de la Inteligencia Artificial destruirá millones de empleos. Los robots crearán una suerte de “clase inútil” de personas (en palabras de Harari en su última obra “21 lecciones para el siglo XXI”) en el momento en el que sustituyan a muchos humanos en empleos que las máquinas hacen mejor. Y va a ser muy difícil reorientar a esas personas hacia nuevas profesiones en un plazo de tiempo corto, de manera que su situación vital puede ser complicada.

El análisis de Harari es muy interesante, porque nos pone delante una realidad que muchos países parecen no querer mirar de frente. En mi opinión, el problema no es la llegada de la IA (que ha llegado para quedarse); el problema es no tener un plan. Por eso, encuentros como el del otro día me parecen tan necesarios: es crucial que todos los actores implicados en el mercado de trabajo y en el ecosistema de la IA trabajen uniendo esfuerzos, reflexiones e ideas en definir objetivos, establecer planes de acción y poner los recursos adecuados para llevar a esos resultados previamente consensuados.

Y aquí la tecnología puede ayudarnos, en vez de ser nuestro enemigo. La capacidad de predicción de las nuevas técnicas algorítmicas puede ser nuestro mejor aliado a la hora de definir los escenarios hacia los que debemos movernos, y también a la hora de establecer la hoja de ruta para alcanzarlos.

¿Por qué no trabajar en algoritmos que puedan ser un soporte para las decisiones de carácter político que como sociedad debemos tomar alrededor de temas como empleo, salarios, reparto del trabajo, pensiones o modelos formativos y educativos (entre otros temas)?

Para poder entender que la tecnología no es nuestra enemiga, primero hay que perder el miedo. Y para eso, el enfoque pedagógico es clave. Ahí la formación y la educación tienen un papel clave. Si como sociedades somos capaces de emplear la tecnología con naturalidad, como una herramienta valiosa, como una aliada, entonces habremos creado un contexto mucho más adecuado para dar respuesta a las preguntas relacionadas con cómo abordamos los procesos de automatización de forma positiva, buscando las oportunidades por encima de las amenazas.

Se habla mucho de entornos V.U.C.A.: volatilidad, incertidumbre, cambio, aceleración. Parece que todo va tan deprisa que no seremos capaces de controlarlo. Es como un tren que se nos escapa y además se aleja de forma acelerada de nosotros. ¡Qué angustia! La realidad puede ser diferente. Pero para ello “necesitamos un plan”. Necesitamos entender qué está pasando, necesitamos contarlo en los colegios, los institutos, las universidades, los centros de trabajo, las reuniones con ciudadanos en las ciudades y en las zonas rurales…

Debemos ser capaces de construir un nuevo relato. No desde el miedo, no desde la angustia. Si somos capaces de entender qué es lo que la IA representa (retos, oportunidades, limitaciones, peligros, impacto en la ética y la privacidad, en el empleo, en la salud, en nuestro sistema social…), seremos capaces de definir qué queremos hacer (qué objetivos, qué políticas, qué recursos). Y aún más importante: podremos usar la tecnología para que pase.

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