Tecnología social y tiempos de cambio

Por Manuel Gutiérrez de Diego En Entornos Digitales noviembre 3, 2016

tecnología social

Estamos asistiendo a un cambio profundo en la forma en la que las personas que conformamos las organizaciones realizamos nuestro trabajo diario. De hecho, es el concepto de “trabajo diario” el que está cambiando.

Cambia la idea de “lugar de trabajo” o la idea de “jornada de trabajo”. Sé que esto resulta complicado. Sé que en entornos industriales la idea de jornada, de fichar, de tareas asociadas a cadenas de montaje… son todavía relevantes. Es lógico que sea así, porque hemos convivido durante siglos con esas ideas.

En realidad, cambian los procesos de trabajo, porque esos procesos son cada vez menos lineales (como las cadenas de montaje a las que hacía alusión antes) y se parecen cada vez más a redes de conexiones donde muchas cosas suceden a la vez. Por supuesto, los flujos de información (en forma de datos) asociados a esos procesos también son diferentes. Antes era más sencillo dibujar las interrelaciones entre variables. Hoy todo es menos secuencial, menos previsible, hay menos certezas. Bauman ya definió el concepto de sociedad líquida como aquella en la que las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas puedan consolidarse. Como dice el mantra mil veces repetido, “vivimos tiempos de cambio”, pero ¿acaso no es el cambio la condición inherente al paso del tiempo?

La tecnología ha llegado para acelerarlo todo. Quizás esa es la clave: el cambio ahora es más rápido; puede que sea tan rápido que no lo estemos percibiendo en su totalidad. Por eso, nuestra percepción de los cambios es tan diferente: ante el “mismo cambio” unas personas perciben amenazas y otras oportunidades. En realidad, el cambio es tan poliédrico que la percepción puede variar substancialmente.

Cambia todo. Cambian las personas y sus expectativas, las necesidades, las formas de conectar, la velocidad a la que se comunica, la forma en la que se definen los productos, cómo operan las empresas, cómo se financian… Cambia la forma de entender la propuesta de valor. Cambian los modelos de negocio: la Economía Colaborativa transforma industrias enteras. Ya no hacen falta antenas de radio para hacer radio ni señal de televisión para hacer televisión; ya no hace falta tener vehículos en propiedad para que un negocio gire alrededor del transporte; el mercado de las apps mueve millones de euros; y la palabra “dron” se ha colado en nuestra conversación diaria.

¿Y cómo responder ante esta situación de transformación permanente?, ¿cómo afrontar ese cambio acelerado por parte de las organizaciones cuando de hecho todo es tan impredecible que no podemos controlar nada completamente?  En mi opinión, tenemos una magnífica oportunidad: aprovechar el talento de las personas que conformamos las organizaciones para, primero, entender los procesos (y su cambio constante); y después, para dar respuestas a esos cambios. Las mejores respuestas.

Podemos multiplicar nuestro talento utilizando la tecnología. Por eso me gusta el concepto de tecnología social: la mezcla del talento de las personas y el potencial de la tecnología. Si somos capaces de alinear todo el potencial de quienes trabajamos en esas organizaciones, si somos capaces de optimizar las conexiones, el conocimiento distribuido, la información relevante, entonces, las posibilidades serán casi ilimitadas. Y la tecnología social será un hito.

Puede parecer complicado, puede sonar extraño, puede parecer que las empresas actuales no están preparadas para incorporar esa filosofía en sus procesos. En parte, es así: hay reticencias y muchos procesos están pensados desde una óptica en la que la linealidad elimina los espacios de conexión. En cambio, el talento necesita espacio y tiempo dentro de esa “jornada de trabajo” para surgir, para conectar, para crear, para crecer. Necesitamos redes. Necesitamos voluntad para crearlas y el deseo de mantenerlas.

Creo que hemos iniciado un movimiento imparable. Creo que la tecnología social (la que conecta talento, personas, optimiza conexiones, potencia la colaboración, la co-creación y la participación) ya está transformando la manera en la que entendemos las relaciones entre personas dentro de las organizaciones. Necesitamos valor para seguir afrontando ese cambio. Y necesitamos no dejar a nadie atrás. Y también que la tecnología social sea eso: “social” y ponga a las personas en primer lugar (y nos haga mejores, y más felices). Para mí, representa un privilegio vivir este reto en primera persona. De nosotros depende.

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